MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA
VIII Arzobispo de Puebla


BIOGRAFÍA
Mons. Víctor, nació en la ciudad de Puebla, Pue., el 21 de mayo de 1950. Realizados sus estudios eclesiásticos en el Seminario Palafoxiano de la Arquidiócesis de Puebla, recibió la ordenación sacerdotal el 6 de junio de 1976.

Obtuvo la licenciatura en Liturgia, en el Pontificio Instituto Litúrgico (San Anselmo), de Roma.

Ha sido Director espiritual en el Seminario Mayor Palafoxiano; párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Ocotlán-Puebla ( 9 años); secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica de México (12 años) y colaborador, como miembro del Equipo de Redacción del Manual de Liturgia, en el departamento de Liturgia del CELAM.

Fue, además, miembro fundador de la Sociedad Mexicana de Liturgistas (SOMELIT), organismo en el cual fungió como Secretario durante 25 años y del cual, desde el 2006 es su Presidente.

Nombrado Obispo titular de Ambia y Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México por el Papa Juan Pablo II, el 2 de marzo de 2004, el 26 del mismo mes y año recibió la ordenación episcopal.

Además de desempeñarse como Vicario General y Episcopal en la VII Vicaría de la Arquidiócesis de México, Mons. Sánchez Espinosa ha sido responsable de la Dimensión de Piedad Popular de la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica.

Actualmente es también Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), oficio para el cual fue elegido durante la XXI Asamblea Ordinaria, para el período 2007-2011.



QUÉ ES UNA DIÓCESIS?
«La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo par ser apacentada con la cooperación de su presbiterio de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en que se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica y apostólica» (ChD 11: cf. LG 23). Más aún, «en ella está presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia» (LG 26). Rectamente lo dijo san Ignacio de Antioquía: “Donde se presente el Obispo, allí ha de reunirse la asamblea de los fieles, al igual que, dondequiera que esté Cristo Jesús, allí está la Iglesia católica”.

Corresponde, por tanto a la Iglesia particular la dignidad de la Iglesia de Cristo. No es, pues, un grupo cualquiera de hombres y mujeres que se reúnen espontáneamente para alguna obra común, sino que es un don que procede de arriba del Padre de las luces. Ni tampoco se debe considerar como una mera distribución administrativa del pueblo de Dios, porque ella a su modo posee y manifiesta la naturaleza de la Iglesia universal, que brotó del costado de Cristo crucificado, que vive y crece continuamente con la Eucaristía, unida a Cristo, y es madre de los fieles; y es “en su lugar, el Pueblo nuevo, llamado por Dios en el Espíritu Santo y en gran plenitud• (LG 26).

Ninguna reunión de fieles ni ninguna comunidad de altar es legítima, si no es bajo el sagrado ministerio del Obispo. Esta forma de reunión de la Iglesia particular se extiende y vive en cada una de las comunidades de fieles que el Obispo preside por medio de sus presbíteros que “bajo su autoridad santifican y gobiernan la porción de la grey del Señor a ellos encomendada” (cf. LG 26, 28; SC 41).

Como Iglesia universal está presente y se manifiesta en la Iglesia particular, así también las Iglesias particulares aportan sus dones propios a las otras comunidades y a toda la Iglesia “de tal modo que el todo y cada una de las partes aumentan por la mutua comunión entre todos y tienden a la plenitud de la unidad” (LG 13).

¿QUIÉN ES Y QUE HACE UN OBISPO?

El Obispo fundamento y signo de comunión en la Iglesia particular (Diócesis)

Revestido de la plenitud del sacramento del Orden, el Obispo rige, como vicario y legado de Cristo, la Iglesia particular, en comunión y bajo la autoridad del Romano Pontífice.

Los Obispos, pues, son puestos por el Espíritu Santo, como los sucesores de los Apóstoles y como Pastores de las alamas. Porque Cristo dio a los Apóstoles y a sus sucesores un mandato y poder para enseñar a todas las gentes, para que santificaran a todos los hombres en la verdad y los apacentaran. Los Obispos, por consiguiente, han sido constituidos por el Espíritu Santo, que les ha sido dado, verdaderos y auténticos maestros de la fe, pontífices y pastores.

El Obispo rige la Iglesia particular que le ha sido encomendada, con consejos, exhortaciones, ejemplos y también con la autoridad y sagrada potestad que recibió por su ordenación episcopal y que emplea para edificar a su grey en la verdad y santidad. Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su Obispo como la Iglesia a Jesucristo y como Jesucristo al Padre, para que todas las cosas se armonicen en la unidad y crezcan para gloria de Dios.

El Documento de Aparecida, nos ofrece una perfecta síntesis de la labor apostólica del Obispo, dice:

«No podemos olvidar que el obispo es principio y constructor de la unidad de su Iglesia particular y santificador de su pueblo, testigo de esperanza y padre de los fieles, especialmente de los pobres, y que su principal tarea es ser maestros de la fe, anunciador de la Palabra de Dios y la administración de los Sacramentos, como servidores de la grey» (cf. DA 189).

¡BIENVENIDO A CASA MONS. VÍCTOR!

 

Colaboración de la parroquia de Ocotlán


PARROQUIA DE NTRA. SRA. DE OCOTLÁN

30 Nte. 1206-A
Col. Humboldt
72370 Puebla, Pue.

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A su servicio:
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Pbro. Odilón Franco Sánchez (vicario)