La Santa Sede había comunicado el 10 de octubre la elección de Puebla de los Ángeles en México, como sede de la Conferencia y el 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. se había oficializado la convocatoria para la Conferencia y se habían señalado los días del 12 al 29 de octubre de 1978 como la fecha para su celebración.
La relación del tema de la Conferencia, la designación de Puebla como sede y de la Virgen de Guadalupe como Patrona del trascendental evento, fueron 3 hechos que ofrecieron de inmediato una relación con Medellín y con su "opción preferencial por los pobres", y que manifestaron una actitud renovada de la Iglesia frente a las formas religiosas populares. Miradas tradicionalmente como "expresiones deficientes de la piedad popular", sólo con el Vaticano II habían sido justamente valoradas. Puebla, guiada por el Concilio, anunció una Iglesia dispuesta a apoyarse y a valorar las prácticas religiosas populares. Así como no había renunciado a su pasado, tampoco se mostró dispuesta a abandonar esa fe expresada en la religiosidad popular.
A los 166 Obispos elegidos por sus Conferencias Episcopales para participar en la III Conferencia General les llegaron, como material de trabajo y de consulta, el Documento de Trabajo y cuatro libros auxiliares: uno con estadísticas del continente, titulado "Iglesia y América Latina", otro con los aportes pastorales desde el CELAM, que incluía las conclusiones de los encuentros del CELAM en los últimos 10 años; un tercer volumen reunía los aportes de las Conferencias Episcopales, para la redacción del documento de consulta y, por último, un tomo con la visión pastoral de América Latina lograda por el Equipo de Reflexión, los Departamentos y las Secciones del CELAM.
Todos estos preparativos entraron en una etapa de suspenso el 6 de agosto de 1978 con la muerte del Papa Pablo VI. Su sucesor, el Papa Juan Pablo I alcanzó a confirmar la decisión sobre la celebración de la Conferencia en el breve período que precedió a su sorpresiva muerte. Elegido Juan Pablo II, el 16 de octubre confirmó la convocatoria y señaló una nueva fecha: del 27 de enero al 13 de febrero de 1979. Al anunciar oficialmente su presencia en Puebla, para la inauguración de la III Conferencia General, el nuevo Papa recogió el pensamiento de sus predecesores y anotó: "éste es un acontecimiento de grandísima importancia eclesial". Una nueva etapa en la historia de la Iglesia latinoamericana iba a comenzar.
Los trabajos de la Conferencia fueron arduos y atendieron a las prioridades pastorales de América Latina, organizados por diferentes comisiones. Cuando se obtuvieron las conclusiones, se manifestó una gran concordia, pues el texto fue aprobado por 179 “placet” y un voto en blanco. El texto final del documento fue revisado por una comisión de la Santa Sede, y estuvo listo para su edición y difusión cuando S.S. Juan Pablo II firmó la carta de presentación del Documento el 23 de marzo. Pronto se difundió por medio de las Conferencias Episcopales y la edición del documento despertó gran interés no sólo en América Latina, sino en el resto del mundo.


